
La blanquitud no tiene color, y ser negro no es una herida. Blanco y negro, dos vocablos aparentemente sencillos, pero cuya historia pesa más que cualquier definición. Son palabras que llegaron en los barcos antes que los mapas; desembarcaron junto con la cruz, la pólvora y los registros notariales.





La Palabra de Dios nos propone para nuestra reflexión la invitación a la fraternidad, que es una dimensión fundamental de la fe cristiana; solo sobre un sólido humanismo se puede construir el cristianismo. He ahí la importancia de la Palabra de Dios de este domingo.

En 1982 se hizo famoso un experimento llamado Juego del Ultimátum. Es sencillo: dos personas deben repartirse una cantidad de dinero. Una decide cuánto entrega y la otra puede aceptar o rechazar. Si rechaza, ninguna recibe nada. Lo sorprendente fue descubrir que mucha gente prefiere perder antes que aceptar un reparto que considera descaradamente injusto.













